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Juntos Respondiendo al llamado de Jesús

La misión es primero y ante todo la obra de Dios. Las Sagradas Escrituras están repletas de historias y ejemplos de la actividad con propósito y del compromiso de Dios con la creación. En ninguna otra parte se ve esto más plenamente o más poderosamente que en la persona de Jesucristo. La narrativa de la Sagrada Escritura y, muy especialmente, Jesús mismo revelan que el Hijo de Dios es nada menos que la sanidad, la reconciliación, la liberación y la salvación de toda la creación (2 Corintios 5:19; Efesios 1:9-10).

Sin embargo, la misión no es solamente de Dios. Dios ha invitado a la humanidad a participar, facultándonos por medio del don del Espíritu Santo. A todos los miembros del Cuerpo de Cristo se les ha encargado que participen en la misión de Dios al dar a conocer el reino de Dios, proclamando las buenas nuevas e invitando a las personas a lo largo y ancho del mundo a que sean discípulos de Jesucristo (Mateo 28:19-20; Marcos 16:15-16; Lucas 24:45-49; Juan 20:21-23; Hechos 1:8).

Si bien la misión de Dios es constante, el contexto en el cual se lleva a cabo la comisión de la humanidad está continuamente cambiando. La misión siempre se lleva a cabo dentro de un tiempo, lugar y conjunto de circunstancias particulares. Comprender el contexto actual es vital para la misión.

En las primeras décadas del siglo 21, la sociedad es policéntrica: ninguna organización, institución o religión mantiene el lugar central de autoridad o influencia. Un número creciente de personas, o ya no reclaman tener una identidad religiosa, o ya no se identifican a sí mismos como "espirituales ni religiosos". Entre los cristianos, la lealtad a una denominación particular está en declive. El sentido de comunidad ha declinado, mientras que toda clase de polarización va en aumento. La brecha entre los ricos y los pobres se ha hecho cada vez más ancha. Las dificultades económicas, la inestabilidad política, los desastres naturales llevan a las personas a buscar seguridad y oportunidad. La violencia se ha extendido.

Todas estas realidades presentan tanto grandes desafíos como grandes oportunidades para unirse a la misión de Dios. En un tiempo como este, la organización que ahora se conoce como Asociación Bautista de El Salvador tiene el privilegio de ser llamada a seguir dando a conocer el Reino de Dios, proclamando las buenas nuevas e invitando a las personas a ser discípulos de Jesucristo, diciendo:


¡Juntos Respondiendo

al Llamado de Jesús!

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